Seleccionar página

«La Verdad Liberada»

Por Ignacio Arrabal

Cuando a Ezra Pound lo despidieron de su puesto en el Wabash College de Indiana por practicar sexo con una mujer en su cuarto del campus, decidió dejar Estados Unidos y marcharse a Londres. Allí se acostumbró pronto a la musaka del restaurante Athenea, en Goodge Street, y casi todas las tardes frecuentaba el café O´hara en Armtrong Road, muy cerca del Mueso de Ciencias. Pero fue en Hyde Park donde encontró la soledad que anhelaba.

En esto pensé cuando Manuel Pichardo me envío el libro del poeta José María de la Cuadra Corbacho (Madrid, 1953), publicado por la Editorial Anantes. ‘La verdad liberada’, lleva por titulo.

Al abrir el libro al azar me di de bruces con el poema titulado, precisamente, Junto a Hyde Park, cuyos primeros versos dicen: Entre colores vidriosos y pálidas luces, / reflejo de múltiples neones, / en mi apartamento del West End / miro equidistante las últimas botellas pegajosas / que atravesaron la noche.

Esto es sólo un pórtico que nos invita a adentrarnos en este lúcido libro de poemas. Es como si el autor nos hubiera citado en Hyde Park para llevarnos a otro lugar, tal vez a Wilton, donde Sucede que el tiempo / converge en el propio tiempo, / sin ningún motivo aparente / que interfiera o rompa / la imantada verdad que somos; o a las fuentes del Nilo, con perfiles a contraluz y personas mudas como el frío.

Por cierto, esto de citarse en Hyde Park me recuerda al nobel sudafricano J.M. Coetzee (al que leo estos días), que quedaba en ese parque londinense con Caroline, la novia que cada cierto tiempo lo iba a visitar desde el lejano sur africano que el escritor había abandonado ya para siempre.

Pero no quiero desviarme de mi propósito en estas líneas que no es otro que el de comentar este apasionante libro, lleno de imágenes poderosas y que nos muestra el extraordinario talento de su autor. Y es que mientras se avanza en su lectura, una perspectiva inesperada se nos presenta en cada poema. Y es que la poesía, como decía Borges, es la de ayer, la de hoy, la que no pasa.

Y también decía Borges: Ahora saldré al fin a recorrer la tierra que sólo he recorrido en los mapas. Y es esa otra de las premisas de este soberbio libro, donde el lenguaje, la palabra y la reflexión profunda son los protagonistas, y donde el poeta se enfrenta, sobre todo y continuamente, a las preguntas que todos nos hacemos sobre este duro oficio que es vivir. Las dudas, el miedo, el dolor o la pérdida (también sirve el plural) recorren este poemario lúcido y riguroso, y siempre lo hace con un lenguaje sugestivo y contemporáneo, que a mí es de las cosas que me resultan más fascinantes de de la Cuadra, su habilidad, su cualidad de moldear el lenguaje para trasmitirnos lo que ocurre, cómo ocurre y cuándo ocurre.

Espero con ilusión su próximo libro “El banco de Magritte”.